¿Qué pasó con mi país?
Cuando llegamos a esta tierra de sol y alegría era yo muy pequeña. Llegamos en una línea aérea colombiana y nos recibió el catatumbo sobre el lago. Dejamos atrás un país que en el mapa se ve flaco y largo, donde la gente es formal y el clima frío. Pero yo sólo extrañaba a mi nana y a mi escuela con clases en alemán. Vinimos por dos años solamente porque a un presidente se le había ocurrido eliminar las escuelas técnicas y al construir el elefante blanco del acero se quedaron cortos de profesionales. Sin embargo, nos quedamos por un tiempo que, para mí, ha sido toda la vida, todos los estudios, todos los amigos, todos los amores, todos los recuerdos. Siempre me enseñaron a amar a esta tierra y a respetarla porque era la que nos daba el sustento y el techo, porque su gente era buena y honesta, con sus defectos, claro, como en todas partes, pero gente solidaria y alegre. Creo que sólo me falta conocer tres estados porque también me enseñaron a viajarla, sentirla, visitarla, descubrirla… Y así terminé viendo por los ojos de un país que no fue mi cuna, pero que hoy amo más que aquél que me vio nacer.
Y entonces, ¿qué paso con mi país? Qué paso en todo este tiempo que la gente se olvidó del pasado de bondad y honestidad y sólo queda rencor en las venas calentadas por este sol que cubre montañas y playas, llanos y sabanas. Mi país que dio grandes escritores y científicos ahora sólo da asesinos y resentidos que van por las calles irrespetando los derechos y la vida. Los enfermos lloran porque no tienen cura, las madres lloran porque no tienen hijos y yo lloro porque me duele mi país... A veces creo que me duele más que a aquel que nació aquí…
Foto: Atardecer en el río Atabapo, afluente del Orinoco, San Fernando de Atabapo, Amazonas, 2007
Mi país






















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