domingo, 8 de marzo de 2009

Un genio

Premio Nóbel de Física, no aprendió a hablar hasta los ocho años de edad y dejó sus estudios primarios por ser muy malo en matemáticas, pero gozó de una rapidez mental propia de un genio de todos los tiempos...


En cierta ocasión, un periodista le preguntó a Einstein: "¿Me puede Ud. explicar la Teoría de la Relatividad?" Einstein le contestó: "¿Me puede Ud. explicar cómo se fríe un huevo?" El periodista lo miró extrañado y le contestó: "Pues, claro, sí que puedo", a lo cual Einstein replicó: "Bien, pues hágalo, pero imaginando que yo no se lo que es un huevo, ni un sartén, ni el aceite, ni el fuego."

Durante la Segunda Guerra Mundial, por ser judío, Einstein debió soportar una guerra urdida en su contra con el fin de desprestigiar sus investigaciones. Uno de estos intentos se dio cuando se compilaron las opiniones de 100 científicos que le contradecían, editadas en un libro llamado "Cien autores en contra de Einstein". A esto Einstein respondió: "¿Por qué cien?. Si estuviese errado haría falta solo uno."

Einstein tuvo tres nacionalidades: alemana, suiza y americana. Ya al final de su vida, un periodista le preguntó que posibles repercusiones habían tenido sobre su fama estos cambios, a lo cual Einstein respondió: "Si mis teorías hubieran resultado falsas, los americanos dirían que yo era un físico suizo; los suizos, que era un científico alemán; y los alemanes que era un astrónomo judío."

Se cuenta que en una reunión social Einstein coincidió con el actor Charles Chaplin. En el transcurso de la conversación, Einstein le dijo a Chaplin: "Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira." A lo que Chaplin respondió: "Lo suyo es mucho más digno de respeto, pues todo el mundo lo admira y prácticamente nadie lo comprende."

En los años 20 cuando Albert Einstein empezaba a ser conocido por su Teoría de la Relatividad, era con frecuencia solicitado por las universidades para dar conferencias. Dado que no le gustaba conducir y sin embargo el coche le resultaba muy cómodo para sus desplazamientos, contrató los servicios de un chofer. Después de varios días de viaje, Einstein le comentó al chofer lo aburrido que era repetir lo mismo una y otra vez. "Si quiere -le dijo el chofer- lo puedo sustituir por una noche. He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra." Einstein estuvo de acuerdo y antes de llegar al siguiente lugar, intercambiaron sus ropas y Einstein se puso al volante. Llegaron a la sala donde se iba a celebrar la conferencia y como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, no se descubrió la farsa: El chofer expuso la conferencia que había oído repetir tantas veces a Einstein. Al final, un profesor en la audiencia le hizo una pregunta. El chofer no tenía ni idea de cuál podía ser la respuesta, sin embargo tuvo una chispa de inspiración y le contestó: "La pregunta que me hace es tan sencilla que dejaré que mi chofer, que se encuentra al final de la sala, se la responda."