Y aquí tenemos la pregunta: ¿Qué es mejor: amar o ser amado? Pues bien, el amor espiritual es siempre recíproco. Esto quiere decir que si realmente amas a alguien, no por su cuerpo, sino por el alma que contiene, la otra persona también te amará de la misma manera. Es un concepto difícil y exige una gran dosis de concentración y altruismo. Primero, la concentración es necesaria porque vivimos en un mundo donde el cuerpo y la materia en general son más valorados que el alma, y muchas veces no se acepta o comprende tal afirmación. Luego, el altruismo, porque la otra persona no estará obligatoriamente con el individuo que la ama, y esto es lo más difícil de aceptar. Así, cuando se logra tal estado de concetración y altruismo, el resultado es una suave sensación de plenitud, sin esclavitudes y sin el sentimiento de soledad, que tanto acompaña a las personas en ciertos momentos de su vida, e indica un alto grado de espiritualidad.
Por lo tanto, lo mejor es amar desde el espítritu, siendo así amado de la misma manera.
Amar siendo amado

Un día al alba, cálida de colores verdosos y bruma húmeda del rocío, salí con mi bolsa al hombro, escuchando los pájaros de la mañana trinar por el sendero. Me puse mi mejor sonrisa, esa que me pinto cada día al despertar, para maquillar mi rostro de forma sencilla y sincera. Salí sin razones ni rumbo fijo a botar los desechos de mi bolsa, cargada con el peso que contiene, buscando el camino del olvido.




















