jueves 28 de mayo de 2009

De Bécquer XI



RIMA XVI

Si al mecer las azules campanillas
de tu balcón
crees que suspirando pasa el viento
murmurador,
sabe que oculto entre las verdes hojas
suspiro yo.

Si al resonar confuso a tus espaldas
vago rumor,
crees que por tu nombre te ha llamado
lejana voz,
sabe que entre las sombras que te cercan
te llamo yo.

Si se turba medroso en la alta noche
tu corazón,
al sentir en tus labios un aliento
abrasador,
sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
respiro yo.


Fuente: Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. http://www.xtec.es/~jcosta/

lunes 18 de mayo de 2009

De mis textos oscuros

De mañana me coloco una sonrisa al ver brillar el sol cuando abro los ojos al día y me doy cuenta que no estás a mi lado como te sentía al dormir abrazado a mi cintura.
Y así despacio me entrego a la rutina guardando tus caricias en un rinconcito de mi corazón; y entre una cosa y la otra paso de un segundo a un minuto, acumulando las horas en que de tanto en tanto vuelves a aflorar de mis recuerdos. El latido siempre discorde dentro de mí marca el mareo de estos días, en los cuales estás presente de una manera que no logro explicar, porque simplemente eres parte de este compás incluso antes de haber llegado.
De mañana me coloco una sonrisa al ver brillar el sol como la luz de tus ojos para olvidar que te extraño tanto que puedo sentir la muerte pasar rozando mi corazón.

martes 5 de mayo de 2009

Compañía

Cada noche vienes a mí, a visitarme en estas visiones que tengo de ti, con esa seguridad certera de no saber ni que decir y con la incertidumbre marcada al verme sonreír. Llegas, como siempre, sin llamarte, justo antes de dormir, cuando en mi oraciones pido a los ángeles por ti, para que guarden tu camino y el aliento de tu vivir, para que te protejan siempre y cuiden tu porvenir.
Y entre mis sueños yo te siento, abrazarme fuerte, como sueles hacer a cada momento, sin dejar que me aleje o que se vaya este sentimiento, que guardamos en el alma con cada pensamiento. Duermes, como siempre, atándome a tu cuerpo, perdido y tranquilo entre mi nuca y mi cuello, dándome seguridad y calor en medio del silencio, arrullándome suavemente con tu aliento.
Cada madrugada estás aquí, y me haces dudar si será verdad que te siento, porque quieres estar en mí o porque yo simplemente te invento, porque te percibo, como siempre, tan real así que es imposible que un pensamiento pueda abrazarme a mí como lo haces en mis sueños.