lunes 26 de enero de 2009

Pensar en ti

Pensar en ti es crear desde este amor profundo un espacio especial y único donde las palabras tienen la forma y el color de tu voz. Una voz que canta a mis oídos una melodía que calma mi alma y llena mis silencios.

Pensar en ti es dibujar tus besos dulces y suaves sobre mis labios que no se cansan de pronunciar tu nombre al amanecer. Y amanecer sintiendo tus labios cerca de mi piel dormida que se abre a la luz de tu presencia.

Pensar en ti es sentir alrededor de mi cuerpo tu abrazo intenso que me protege con ternura por las noches. Esas noches que tienen tu calor junto a mí cuando soñamos juntos en un solo sentir.

Pensar en ti es amarte cada día y a cada instante sin alterar este flujo de conciencia que invade mi corazón. Un corazón que late para estar a tu lado sin importar el tiempo ni el espacio que haya entre los dos.

Pensar en ti es ser feliz en la conciencia que en este momento estás conmigo en cada uno de tus pensamientos. Aquellos pensamientos que me tiene tan presente en ti como tú estás en mí.


miércoles 21 de enero de 2009

Una década después

Nadando entre mis viejos cuadernos encontré este escrito de hace diez años... muchos recuerdos... tantas cosas vividas. Y, sin embargo, ahondando en mi sentir y mi pensar, la esencia de mi vida y mis aprendizajes sigue reafirmando esto que siempre he guardado como el mayor tesoro de mi camino por este mundo...

Feb. 5, 1999

REFLEXIÓN

El camino de nuestra vida está lleno de obstáculos y tristezas, pero ellos no son más que una parte de la escuela que va enseñando a nuestras almas a evolucionar para ir en la búsqueda de un camino mejor: el de la eternidad.
Para pasar el examen de la vida, el secreto está en saber amar, reír y, sobre todo, saber perdonar. Claro, que todo tiene su momento y de cada uno de nosotros y de nuestras circunstancias depende el aprendizaje del amor, la risa y el perdón.
Nadie ama si no está preparado para ello; nadie ríe si lo que quiere es llorar, y nadie perdona si no arranca de su corazón el dolor. Lo más hermoso es que cuando estamos realmente preparados para estas cosas, la vida se hace más llevadera, más hermosa y más plena, y los obstáculos ya no se ven como tal, sino como pruebas que hay que afrontar con paciencia, optimismo y una sonrisa en el rostro. Ése es el momento cuando podemos decir; ¡estoy feliz de vivir esta vida que tengo!, porque toda vida, a pesar de sus condiciones, es hermosa, y lo es porque nos enseña algo que en un futuro nos servirá para evolucionar hacia un mundo mejor.
Un mundo donde no existen ni el llanto, ni el dolor, ni la maldad... A ustedes, amigos, les digo que, simplemente, hagan su mayor esfuerzo por comprender este mensaje que les envío de todo corazón, para que cada vez sean más felices. No les diré que es algo fácil de lograr, pero bien vale la pena intentarlo para dejar de ser uno más del montón que se queja y llora por cosas que siempre tendrán una razón de ser: enseñarnos a vivir.
Por lo tanto, vivamos, amemos de corazón a todo lo que nos rodea, sonriamos a la vida que tenemos y, sobre todo, tratemos de aprender a perdonar a quienes, de una u otra forma, nos han herido, porque ellos aprenderán, tarde o temprano, de esas ofensas que han cometido hacia nosotros.

Los quiere, Andy

miércoles 14 de enero de 2009

Por siempre Friends II

Aquí la temporada 2 para reír un rato (para detener la música de fondo busca la música de la semana en la barra lateral derecha del blog y haz clic en "pause" del video).



Continuará con las demás temporadas...


jueves 8 de enero de 2009

De Bécquer X



RIMA LI

De lo poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.

Y esta vida mortal, y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.


Fuente: Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. http://www.xtec.es/~jcosta/

domingo 4 de enero de 2009

Valor

Algo de la noche pasada me hizo despertar sin ganas... la carencia de agallas de algunos, su falta de motivos, el mundo vacío que me rodea, las ausencias y los silencios... Cerrando capítulos, recordé unos de mis escritos y perdí mi valor nuevamente.


Dime de que vale

ser inteligencia y sabiduría
cuando la inopia consume
todas las noches y los días…

ser belleza de alma limpia
si los ojos solamente ven
una imagen del todo vacía…

ser aprendizaje a consciencia
cuando los demás quedan yertos
de vana y fútil ignorancia…

ser comprensión y benevolencia
si cuando la buscas en otros
encuentras sólo intolerancia…

ser perfecto e incondicional amor
cuando los corazones se cubren
con salvaje egoísmo y rencor…

ser virtudes mil, un millón,
si nada serán ante los otros
más que un sólo error…

ser fuente intensa de valor
cuando sin compartirlo con alguien
queda convertido en dolor…

ser certeza del destino del corazón
si el que está marcado no puede
ver más allá de su razón…

Dime tú de que vale vivir...
cuando tu ser se desvanece...
cuando decides no querer seguir...

jueves 1 de enero de 2009

Somos diosas

Nuestra sociedad funciona sobre la base de leyes y reglas, y las mujeres han aprendido a superar a los hombres en el cumplimiento de todas ellas, por eso son mejores profesionales y ciudadanos. Sin embargo, la sociedad es ambivalente, pues si todo el mundo obedeciera disciplinadamente todas las leyes y reglas, la sociedad parecería un enorme hormiguero. Por lo tanto, para que todo funcione apropiadamente, hacen falta infractores que las infrinjan y, estadísticamente, son los hombres quienes se encargan del incumplimiento legal y normativo mintiendo, haciendo trampas, jugando sucio, infringiendo la ley y la moral y corrompiéndose… De tal manera, los hombres aprenden desde pequeños a vulnerar las regulaciones y continúan esta práctica al hacerse mayores, haciéndolo como maestros expertos e inigualables, siendo especialistas en la trasgresión cuando advierten en la escuela o el hogar que son superados por las mujeres en todos los cumplimientos. Ciertamente, los hombres desde temprana edad sienten la necesidad de “hacerse” los listos porque saben que las mujeres son más inteligentes.
En todo ámbito social se puede denotar la insistencia masculina en discutir constantemente la validez del juego por su dudosa adecuación a las reglas; algo que no se trata sólo de un juegos de niños, pues no hay más que recorrer la escena política o periodística, con recurrentes escándalos y sobre corrupción, trampas, golpes bajos, juego sucio y cartas trucadas, para darse cuenta de lo que sucede en realidad. Ahora bien, el colmo de la destreza es saber hacer trampas limpias y demostrar la habilidad superior para forzar las normas sin llegar a ser acusado de violarlas. Así, el hombre actual es el vivo ejemplo de jugador ventajista que tiende a convertirse en tramposo inconsciente, cayendo en la tentación de jugar con cartas marcadas, sin hacerlo por compulsión estafadora, la cual generalmente es inexistente, sino que surge sin querer, al improviso, como consecuencia del afán por apurar al máximo las jugadas de la vida, bordeando la irregularidad y demostrando su inseguridad y adoración por la omnipotencia femenina. Más, sin embargo, las trampas son un efecto de una rara mezcla de indiferencia moral, economía de medios, gregarismo conformista y culto estético, tratándose de algo quizá peligroso, pero que es aparentemente inofensivo en el fondo, al suponer que en realidad no daña a nadie.
De esta manera, la inicial experticia tramposa de los hombres parece predestinada a convertirse después en el fallo productivo definitivo (laboral, profesional, emocional y familiar), que intentan realizar en su búsqueda de resultados (notas, ascensos, mejores salarios, relaciones afectivas y una familia) con la ley del mínimo esfuerzo. Consecuentemente, todos los hombres presentan en mayor o menor medida el mismo problema común: el de la flaqueza de su voluntad, porque en promedio les cuesta más trabajo que a las mujeres mantener durante tiempo prolongado un nivel de esfuerzo constante, siendo víctimas de la pereza que les hace cansarse tan pronto como la atención se distrae. Al respecto, algunos neurólogos y muchos sociobiólogos poseen estudios y datos que confirman esta teoría, afirmando que debido a la especialización visual y espacial de su cerebro, la atención del hombre es mucho más sensible y elástica, dejándose distraer con gran versatilidad por cualquier estímulo externo. En cambio, las mujeres poseen más capacidad de constancia y concentración en diversas tareas, dada la necesidad de soportar largos embarazos sin dejarse perturbar por distracciones externas.
No debería descartarse que la presunta invalidez masculina obedezca a intereses muy concretos: vivir como dioses a costa de las mujeres sacrificadas que se encuentren por debajo de ellos, pues son demasiado flojos y tontos para hacer un esfuerzo por mantenerse a la par de una mujer superior… Aunque esto podría estar ocultando, en realidad, una patética petición de auxilio por ser tomados en cuenta y adorados por lo que no son, pero en cualquier caso, las dos posibilidades indicarían con claridad la inferioridad de la posición masculina, pues al momento de recibir todo lo que desean en sus vidas, simplemente no encuentran manera de manejarlo y mantenerlo. De tal manera el estilo de vida masculino con su obsesión por la intensidad del presente y su despreocupación por cualquier futuro aplazado, los lleva indefectiblemente a jugar el juego de las trampas de la autodestrucción: fumar, comer y beber con exceso, abusar de toda clase de tóxicos, despreciar a los demás congéneres con paranoia insociable, asumir riesgos inútiles o peligrosos, engañar a sus familias, amistades y parejas, y negarse a adoptar hábitos tediosos. El resultado es una probabilidad muy alta de contraer enfermedades, sufrir accidentes, quedarse solos, padecer depresiones y acceder a una muerte temprana... todo por querer ser “¿superiores?.”

Fuente: Notas sobre la superioridad de las mujeres - Miguel Vilar